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EN BUSCA DE LOS PECES CIEGOS DE LAS CAVERNAS
Se había regado como pólvora la noticia (o el reto) de los “peces sin ojos”
en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. Yo cursaba mi primer año de biología en pero desde hacía
tiempo me dedicaba a la Bioespeleología y a la hora del receso en el aula todo el mundo hablaba del reto que había lanzado
la revista “Mar y Pesca” a los biólogos refiriéndose a los peces ciegos que habían reportado Noda y Poey 120 años
atrás; en el artículo de Jesús Abascal titulado “Los Peces Ciegos de Cuba”, se preguntaba lo siguiente:
… “sabemos
positivamente que los peces ciegos siguen poblando las aguas de muchas cavernas de las regiones más occidentales de Cuba,
pero…¿En cuales?. ¿Podría algún joven espeleólogo –o viejo, con todo respeto- ofrecernos esa información y enriquecer
así el tema que nos ocupa. Invitamos cordialmente a los investigadores que trabajan en estas apasionantes tareas a fin de
recabar de ellos una relación que seguramente resultaría muy interesante. Las páginas de “MAR Y PESCA” quedan
abiertas, pues, con ese propósito. Y nuestros lectores más curiosos agradecerán, sin duda alguna, más noticias sobre los peces
ciegos de Cuba”…
Muchos no perdieron tiempo y se lanzaron
con la mochila a la cacería. Había que buscarlos solamente en la región occidental de la Isla que era donde los había encontrado
el sabio naturalista Don Tranquilino Sandalio Noda. El tiempo pasaba y el reto seguía en pie.
Comencé a interesarme mucho por aquello.
Realicé un detallado estudio de la historia del descubrimiento, llegando a la conclusión de que no tenía más derrotero que
la vieja carta que le había enviado Noda a su colega el sabio Don Felipe Poey en 1858, en la cual mencionaba el sitio del
descubrimiento. Según dicha carta, encontrándose Noda en 1831 en Güira de Melena, supo que allí cerca, en las cuevas de Cajío,
había unos peces sin ojos y quiso verlos…
“Me
convidaron a un bautismo –continúa el sabio- a un sitio en el potrero de Torres, al oriente del ingenio LA MORENITA,
en el cual había cuevas y peces de los dichos…”
Este párrafo contenía toda la información
geográfica que yo necesitaría para mi exploración inicial, por lo que me preparé para la segunda etapa; mi gran aventura.
Una hermosa mañana de Octubre de 1977 partí
con mi pesado equipaje para Güira de Melena. Durante el trayecto “encendí la mecha” con mi apasionante tema y
al poco rato toda la guagua donde viajaba “ardía” con mi relato, pero nadie sabía nada al respecto; solo que más
al sur de esta ciudad existía un poblado al que llamaban Cajío, ¡algo es algo!. Sin pérdida de tiempo hice el trasbordo para
el ómnibus de Cajío, y en poco tiempo me encontré ante un pintoresco caserío de pescadores; estos junto a los campesinos siempre
han sido mis mejores asesores en las investigaciones pero nadie conocía a estos fantasmas de las cavernas acuáticas. En poco
tiempo “el loco de los peces sin ojos” comenzaba a hacerse popular entre los guajiros, hecho que constribuía enormemente
a aliviar la economía de la exploración. Iba preparado para dos noches pero en este primer viaje pasé cuatro, rodeado de interesantes
relatos de muertos, tesoros ocultos y monstruos que siempre nos brinda el rico folklore campesino. Exploré muchos kilómetros
a lo largo de la costa sur en busca de cuevas, pero solo encontré grutas y solapas sin valor espeleológico.
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EL INGENIO LA MORENITA
Todo me pareció fácil en un principio, pero no
fue así. Dediqué el mes de Octubre y Noviembre a rastrear alguna pista. ¡No podía creer que no existieran cuevas en esta región!.
Un viernes en la tarde, luego de terminar la última clase del día en la Facultad, recogí mi equipaje en la beca de 12 y malecón,
y partí para Cajío y Güira; ya había desplegado la lona que me servía de techo cuando alguien se me acercó preguntándome:
¿Explorador?- a lo que asentí con la cabeza;
-¿Busca fósiles?-
-No; más bien busco cuevas- inquirí esperando un milagro-
-¿Cuevas?,no, por aquí yo no conozco ninguna cueva-
-¿Y al ingenio LA MORENITA, LO CONOCE USTED?-
-La Morenita es un batey que esta cerca de aquí, pero
allí no hay ningún ingenio – me disparó cogiédome de sorpresa-
Hasta el momento yo no había pensado en
un ingenio en ruinas y siempre pregunté por una construcción visible. Aquí estaba el detalle; el ingenio lógicamente había
sido demolido algún tiempo atrás por lo que ya no se recordaba; indudablemente el batey había tomado el nombre del mismo.
Al menos esto era lo que yo deducía; yano tenía dudas.
-¿Está muy lejos La Morenita de aquí? –
le pregunté recogiendo la lona.
-No, está bastante cerca; puedes pararte
en la carretera y para la guagua que pasa como a las 8:00 (pm)-
No esperé más; no recuerdo si le dí las
gracias, solo se que salí disparado como relámpago para no perder el ómnibus. La idea de encontrarme con el ingenio que le
sirviera de guía al gran naturalista 147 años atrás, me fascinaba.
Hice mi aparición en La Morenita lo suficiente
temprano como para no dejar que se me fueran a dormir los cuatro gatos que allí vivían. Mis primeros entrevistados me fallaron
pero no así mis segundos que conocían perfectamente el enclave de las antiguas ruinas de un ingenio y me dieron la dirección
de un anciano que vivía a solo unos metros de las mismas. Al menos ya tenía un punto desde el cual partir en mi próxima caminata:“Al oriente del ingenio La Morenita ” me decía Noda desde la profundidad del tiempo.
Una nueva noche de leyendas me aguardaba
en casa del viejo Tomás, un moreno muy agradable y conversador; compartí con este y su hija unos tragos.Yo les conté sobre
mi búsqueda y él me habló de leyendas locales hasta que se les agotó el repertorio. Luego se me asignó un viejo catre y un
mosquitero, este último no por los mosquitos, según me explicó su hija, sino “por los alacranes”…
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EL POTRERO DE TORRES
A la mañana siguiente Tomás me despertó
a las 6:00 a.m. como yo le había pedido que hiciera, y luego de mostrarme las ruinas de su ingenio (que ahora era mío) me
despedí de él con la promesa de mostrarle algún día que mis peces sin ojos no eran una fantasía. Tenía una idea fija: si localizaba
“el potrero de Torres” entonces ¡ya tenía a mi cueva!. Las indicaciones de Noda comenzaban a coincidir por vez
primera:
“Una
tierra bermeja como sangre, cortada por cercas de piedra desnuda de árboles, salvo algunos matojos aislados; mucha piedra
rodada, y el suelo formado de una roca no bien cubierta de tierra pulverulenta; la roca, un enorme banco de petrificaciones
marinas, bivalvos, univalvos y otros seres que no examiné, porque solo pensaba en los peces sin ojos”…
¡Descripción contagiosa; tampoco
yo me detuve en ningún momento ante aquellas seductoras petrificaciones marinas;
mi vista estaba fija en el “Este” de mi brújula. A eso de las 9:00 de la mañana, después de una larga caminata,
aún no había dado con ningún potrero o algo parecido, pero alguien me sugirió qie visitara a una familia apellidada Torres
que vivían un poco más hacia el Sur de la ruta que yo seguía. No tardé en encontrarme con el señor Ramón Torres, cabeza de
familia, el cual me recibió con gran atención. La ascendencia de Ramón, según pudimos calcular ambos, se remontaba a más de
un siglo en aquella región e incluso, muy cerca de su actual bohío, estaban los simientos de la que fuera casa de sus abuelos.
Ramón contaba 54 años de edad por lo que sus bisabuelos bien pudieron vivir en la época en que Noda encontró los peces ciegos.
La narración del sabio continuaba:
“
Saltamos una cerca y encontramos el suelo entapizado de tocino, bejuquillo e hojas palmeadas, ovaladas, de tallo como alambre,
fino; durísimo, elástico a no romperse jamás”…
¡Esto me parecía inaudito!, tenía la sensación
de que el tiempo se había detenido. Pero una vez más se me paralizó el corazón cuando el amigo Ramón me confesó que no conocía
cueva por allí. Todo encajaba tan a plana y renglón, que no me podía conformar con la idea de que me había equivocado. Allí
pasaba algo y no tardé en descubrirlo. Los campesinos de esta zona no quieren saber nada del mundo subterráneo; Ramón mismo
me manifestó: “Del suelo pa’ bajo, los muertos”. Y todo lo descubrí cuando a solo unos 300 metros de la
antigua construcción me encontré una cueva. ¡Ramón tenía que conocerla perfectamente!; ¿Por qué me lo había ocultado?. Traté
de que descendiera conmigo pero me contestó algo sobresaltado, “que tenía otros quehaceres” y se esfumó en el
acto. ¿Cuántas veces me habían ocultado el sitio de una cueva durante mi investigació?- pensé-.
Indudablemente este extraño tabú ha protegido
de la presencia de curiosos a todas estas cuevas, pues, a diferencia de la mayoría que he conocido en toda la isla, aquí no
se lee una solo inscripción de visitantes en las paredes.
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LA CUEVA DE NODA
Durante el mes de Diciembre logré localizar 5 cavernas en los alrededores de la finca de Torres; una de ellas coincidía al
dedillo con la descrita en la carta:
“
Un gran salón con troneras por el techo cinco metros más abajo del nivel del suelo, hacía de vestíbulo de la caverna”…
A principios
de Enero de 1978 me instalé definitivamente en la “Cueva de Noda” (bautizada por mí). Resultaba horriblemente
fatigoso mantener la vista fija en las cristalinas aguas del lago subterráneo en la esperanza de tropezarme con mi soñado
“tesoro sin ojos”, pero ya era tarde para mí, estaba atrapado, la búsqueda se había convertido en obseción. Nada
me interesaba más que los “Peces Ciegos”, como un Ahab y su Moby Dick. Calado hasta los huesos por el frío del
manto freático, perseguía todo lo que se moviese bajo su superficie.
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EL PEZ CIEGO
Una fría mañana de Febrero, otro de los
tantos pecesillos del algo me invitaba a que desertara de mi desayuno para jugar al escondite. Preparé el área de combate
con un gran pedazo de zinc que había traído dede la casa vieja, este, colocado entre dos salientes rocosos, obstruía el paso
hacía el interior de la caverna a modo de pequeña represa. El animalito estuvo escondido más de una hora en una cavidad de
la roca, hasta que decidió salir. Con movimientos milimétricos y conteniendo la respiración todo el tiempo que me fue posible,
sellé su escondrijo con un trozo de cartón y le acerqué un pomo de boca ancha a la cabeza. Trató de retroceder en busca de
su guarida, pero al no encontrarla, nadó en la misma dirección del pomo. Tan pronto penetró en el mismo le puse la tapa y
saliendo del agua, corrí hacia la entrada de la caverna para poder analizar a mi prisionero con mejor iluminación. Cuando
coloqué el pomo cerca de mis ojos la impresión de lo que ví me congeló la médula espinal; quedé petrificado cual una estalagmita.
¡ Allí nadaba una criatura completamente desprovista de sus órganos visuales de unos 10 centímetros de longitud, con una aleta
dorsal única, que junto a la caudal y la anal integraban una estructura contínua!. A pesar de mi preparación adquirida durante
los casi cinco meses de exploraciones, no podía dar crédito a mis ojos. Tenía en mis manos el fruto de tantos desvelos y ahora
lo dudaba. ¡ Un pez sin ojos ¡, llegué a pensar que todo esto era un mito.
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EL
UNICO EJEMPLAR VIVO DE EXHIBICION EN 1978
El ejemplar capturado llegó en buen estado
a La Habana donde lo mantuve vivo en una pecera doméstica junto a otros pecesillos de cría; luego bajo la sugerencia de mi
profesor Pedro A. Díaz lo llevé al Departamento de Zoología de Vertebrados de la Facultad de Biología donde lo conservamos
por otro tiempo bajo el asombro de todos los que por allí pasaban, y comencé
a recopilar todo lo que pude sobre los mismos llegando a la conclusión que se trataba de la especie Lucifuga subterraneus.
Descubrí además que existían otras colectas de muchos años atrás y de ahí que la revista “Mar y Pesca” preguntara
por estos peces en los años setentas; pero el reporte de la presencia de los mismos abundaba en muchas cavernas del occidente
cubano. En un viejo y perdido pomo almacenado en la Facultad de Biología encontré la
colecta de Núñez Jiménez de una parejita proveniente de 1943 y las puse junto a mi vivo ejemplar hembra de la pecera, así
los profesores y alumnos podían admirar a ambos especímenes. Existía la referencia de un ejemplar colectado por Sosa en 1930
pero este nunca lo pudimos localizar en algún museo. Por el momento, el pez nuestro, era el único ejemplar de exhibición que
podía ser contemplado vivo en 1978 y de esta forma le respondimos a la revista que “Sí”, “los peces ciegos
aún seguían viviendo en la localidad original donde los reportó Noda al igual que en otras cavernas de Pinar del Río, Habana y Matanzas”. El ejemplar lo exhibimos en el capitolio, en laboratorios, centros
de investigación y otras Facultades de la Universidad de La Habana, y siempre resistió los embates de los traslados hasta
que un día decidimos sacrificarlo para su mejor estudio y conservación.
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REDESCUBRIMIENTO DE Lucifuga
subterraneus (Osteichthyes – Brotulidae)
EN SU LOCALIDAD ORIGINAL.
FORUM ESTUDIANTIL DE LA FACULTAD DE BIOLOGIA, UNIVERSIDAD DE LA HABANA- 1977
La primera mención conocida sobre la existencia
de peces troglobios en la espeleofauna cubana data de 1831, cuando T.S. Noda los descubrió en la “Cueva de Cajío”,
Güira de Melena.
Estudiados
posteriormente por Felipe Poey (1858) y por algunos investigadores extranjeros, se determinó que nuestros peces ciegos representan
dos Especies distintas dentro de la Familia Brotulidae: Lucifuga subterraneus y Stygicola dentatus.
En esta ponencia se reporta la presencia
de Lucifuga subterraneus en la misma localidad donde Noda la encontró 147 años atrás; describiédose a continuación la morfología
externa de la hembra allí capturada.
Además se demuestra mediante el test estadístico
x2 que las referencias conocidas hasta el presente sobre la ubicació geográfica de ambas Especies implican diferencias significativas
en su distribución: Stygicola dentatus se extiende desde Pinar del Río hasta Matanzas; mientras que Lucifuga subterraneus
sólo ha sido reportada en la región occidental de Cuba.
Desde la primera referencia publicada en
1842 sobre el hallazgo de de peces ciegos en cavernas de Kentucky, Estados Unidos, los mismos han atraído la atención de numerosos
investigadores por sus peculiares adaptaciones al ambiente troglobionte.
En Cuba, el primer naturalista en interesarse
por ellos fue Noda; quien los descubrió en 1831 en la “Cueva de Cajío”, Güira de Melena. No obstante la importancia
de su descubrimiento, Noda lo silenció durante 27 años, y solo en 1858 se lo comunicó a Felipe Poey en una extensa carta descriptiva.
El sabio cubano, ya conocía de su existencia y había estudiado detalladamente su morfología. Ese mismo año Poey publicaría
los resultados por él obtenidos, creando el nuevo Género Lucifuga, que abarcaría dos especies conocidas: Lucifuga subterraneus
y Lucifuga dentatus.
Posteriormente, distintos autores señalarían
nuevas ubicaciones en su distribución geográfica y completarían las conclusiones de Poey, determinando que Lucifuga dentatus
exhibe características diferenciales que permitieron crear para ella un Género distinto: el Stygicola (Eigenmann, 1902 y 1907),
(Lane,1903), (Kosswing, 1934) y (Barbour, 1945).
El presente trabajo tiene dos objetivos:
reportar la presencia actual de Lucifuga subterraneus en su localidad original, donde fuera descubierta por Noda 147 años
atrás y discutir algunos aspectos sobre la distribución geográfica de nuestros peces troglobios.
MATERIALES Y METODOS
El ejemplar de Lucifuga subterraneus descrito
en esta ponencia corresponde a una hembra capturada durante el mes de Febrero del año actual en la “Cueva de Cajío”,
distante 10-13 kms al Sureste de Güira de Melena, Provincia de La Habana. De esta localidad procede la primera mención conocida
de peces ciegos en Cuba (Núñez Jiménez, 1963), (Abascal, 1977).
La ubicación geográfica de la cueva se
obtuvo utilizando las indicaciones descritas por Noda en su carta a Felipe Poey de 1858, reproducida en “Revista de
Cuba”, Enero de 1878. Para ello, no solo hubo que reconstruir el trayecto
recorrido por el naturalista en 1831, sino también localizar antiguos enclaves no existentes en la actualidad, tales como
“el potrero de Torres” y el “Ingenio La Morenita”.
Capturado vivo, el animal fue trasladado
en un recipiente cerrado hasta el Departamento de Zoología de la Facultad de Biología, donde se logró mantenerlo durante casi
5 días en una pecera común junto a otras especies dulceacuícolas, sin ninguna ambientación especial. Esto permitía estudiar
algunas reacciones de su conducta y obtener fotografías del mismo aún en estado viviente, tras lo cual fue sacrificado para
la debida conservación.
El estudio de su morfología externa y las
determinaciones morfométricas correspondientes se efectuó en laboratorios del mencionado Departamento de Zoología, en cuya
colección se depositó el ejemplar conservado.
La determinación taxonómica de la especie
fue obtenida consultando la descripción original de Poey (1858), cotejadas con indicaciones precisas del Licenciado Ricardo
Vergara. Además, el ejemplar a identificar se confrontó con especimenes clasificados de ambos Géneros existentes en la colección
del Museo “Felipe Poey” de la Universidad de La Habana.
Deseamos expresar nuestro agradecimiento
al Lic. Ricardo Vergara, Instituto de Geografía, Academia de Ciencias por la valiosa colaboración brindada para el presente
trabajo. Igualmente, a la Dra. María Teresa del Valle, Jefe del Departamento de Zoología, por las facilidades brindadas para
su ejecución; así como al Dr. Manuel Rivero de la Calle, Facultad de Biología, por su constante interés durante el desarrollo
del mismo. A todos, nuestro merecido agradecimiento.
Lucifuga subterraneus, Poey 1858
CLASIFICACION TAXONOMICA DEL EJEMPLAR
COLECTADO EN CAJIO- 1978
Fylum: Chordata
Subfylum: Vertebrata
Clase:
Osteichthyes
Subclase: Actinopterygii
Superorden: Teleosteica
Orden: Gadiformes
Familia: Brotulidae
Género: Lucifuga
Lucifuga subterraneus, variedad E
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DIAGNOSIS DE LA MORFOLOGIA EXTERNA
Cuerpo prolongado, comprimido desde el
final del abdomen hasta el extremo caudal. Cabeza poco prominente en su región occipital y muy deprimida en la porción anterior;
característica diferencial con Stygicola dentatus.
Ausencia de ojos morfológicamente constituídos.
Según la descripción de Poey, algunos individuos pueden presentar vestigios no funcionales de globo ocular, a quienes cataloga
como Variedad E dentro de la especie. El ejemplar capturado en la “Cueva de Cajío” presenta esta peculiaridad
morfológica.
Abertura nasal doble; una de menor
diámetro que la otra.
Boca hendida, con la mandíbula superior
ligeramente mayor que la inferior. Dientes numerosos y pequeños, ubicados en el intermaxilar, el dentario y el vómer. Esta
especie, al contrario de Stygicola dentatus, carece de dientes en el palatino.
Aleta dorsal única, que junto a la caudal
y a la anal integran una estructura continua. Aletas abdominales, reducidas y filiformes, ubicadas en la porción ventral de
la región cefálica y con funcines sensoriales.
Línea lateral poco definida. Coloración
rosado claro, solo observables en ejemplares vivos.
Dimorfismo sexual acentuado. Los machos
presentan una papila anal definida, con su extremo posterior adaptado para la cópula. Las hembras carecen de dicha estructura.
DISCUSION
Actualmente se considera a los peces ciegos
integrantes de un grupo polifilético, que han sufrido convergencia de caracteres durante su adaptación al medio troglobionte.
Esta adaptación colleva la atrofia de los
ojos hasta su total degeneració (Eigenmann, 1909), características que a su vez implica un marcado desarrollo paralelo en
órganos táctiles y olfato-sensoriales (Bertin, 1908).
A la pérdida de los órganos de visión se
asocia también la despigmentación del cuerpo, manteniendo ambos fenómenos una relación directamente proporcional (Raquin,1947).
Por último, al igual que las restantes
especies troglobias, se caracterizan por su reducido tamaño, en lo cual influye el estricto aislamiento geográfico y la escasa
competencia que les impone su vida en las cavernas (Massip, 1961).
DISTRIBUCION GEOGRAFICA
En su monografía sobre espeleofauna cubana,
Silva (1973), relaciona 25 localidades como ubicación geográfica de nuestros peces ciegos, sólo considerando aquellas donde
se huviese obtenido determinación taxonómica de los ejemplares colectados. Estas referencias abarcan desde la Península de
Guanahacabibes, Pinar del Río, hasta la porción más occidental del norte de Matanzas. Igualmente añade que los tres reportes
que señalarían su existencia en la región oriental de Cuba (Sierra de Cubitas, 1928; 1942; y Banes, 1963) no pueden considerarse
válidos por carecer de determinación autorizada de las Especies referidas.
Posteriormente, revisando la colección
de peces dulceacuícolas del “Museo Felipe Poey” en nuestra Universidad, fueron encontrados algunos lotes de peces
ciegos, clasificados taxonómicamente y con referencias precisas a sus lugares de origen, que añaden 5 nuevas localidades a
las ya mencionadas.
Además se conocen otras muchas menciones
sobre distintas cavernas cuyas aguas está habitadas por peces ciegos, pero desconociédose a qué Géneros pertenecen sus pobladores.
Como ejemplos, pueden citarse: las cuevas “del Diamante” y “del Bejuco” en Artemisa; y la de Juanel
Piedra en Quivicán.
Por último debe señalarse un hallazgo reciente
del Grupo Espeleológico de la Filial Universitaria en Jagüey Grande (González, comunicación personal), quienes descubrieron
la presencia confirmada de Stygicola dentatus en cuevas de los municipios de Varadero y Jagüey Grande; lo cual amplía más
al oriente de Matanzas el área distribucional de dicha especie.
Todas las referencias que precisan identificación
taxonómica aparecen resumidas en los siguientes mapas, donde se muestra por separado la distribución geográfica conocida de
ambas Especies, acorde con la nueva división político-administrativa del país:

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Al comparárseles por simple inspección, los mismos difieren en un aspecto no resaltado con anterioridad
por ningún autor consultado: Lucifuga subterraneus no ha sido reportada más allá de la provincia de La Habana; refiriéndose
invariablemente todas las menciones conocidas en matanzas sólo a Stygicola dentatus.
Para conocer si estas variaciones en la
distribución geográfica resultarían significativas o no estadísticamente, los totalesnuméricos de referencia fueron sometidos
al modelo para probabilidades acumulativas x2. Los resultados obtenidos en la comparación global de las 3 provincias mencionadas
muestran un grado significativo de diferencia en los datos comparados:
COMPARACION ENTRE LA DISTRIBUCION GEOGRAFICA CONOCIDA DE Lucifuga
subterraneus Y Stigicola dentatus EN LAS PROVINCIAS PINAR DEL RIO, HABANA Y MATANZAS.
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Lucifuga subterraneus |
Stygicola
dentatus |
TOTALES |
|
P DEL RIO |
0.97
1 |
1.03
1 |
2 |
|
HABANA |
12.12
15 |
12.88
10 |
25 |
|
MATANZAS |
2.91
0 |
3.09
6 |
6 |
|
TOTALES |
16 |
17 |
33 |
CONTRIBUCIONES A x2 = 6.98
GRADOS DE LIBERTAD = 2
VALOR DE p PARA UN 95 % DE CONFIANZA = 5.99
6.98 5.99
Por el contrario, excluyéndose del análisis
las referencias a ubicaciones en Matanzas, los valores numéricos determinados no indican diferencias significativas para la
distribución de ambos Géneros dentro de los límites de las provincias occidentales:
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ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE LA DISTRIBUCION GEOGRAFICA CONOCIDA DE NUESTROS
PECES TROGLOBIOS EN LA REGION OCCIDENTAL DE CUBA.
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Lucifuga subterraneus |
Stygicola
dentatus |
TOTALES |
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P DEL RIO |
1.18
1 |
0.81
1 |
2 |
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HABANA |
14.81
15 |
10.18
10 |
25 |
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TOTALES |
16 |
11 |
27 |
CONTRIBUCIONES A x2 = 0.08
GRADOS DE LIBERTAD = 1
VALOR DE p PARA UN 95 % DE CONFIANZA = 3.84
0.08 3.84
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CONCLUSIONES
De todo lo expuesto durante el desarrollo
de este trabajo, pueden obtenerse las siguientes conclusiones:
PRIMERA:
El redescubrimiento de Lucifuga subterraneus en la Cueva de Cajío permite suponer que la misma se haya mantenido ininterrumpidamente
en su localidad original por casi siglo y medio, a partir de 1831; fecha de su descubrimiento por Noda en aguas freáticas
de dicha caverna.
SEGUNDA:
Esta suposición confirma una vez más el alto grado de adaptabilidad de la Especie mencionada, que le ha permitido superar
los cambios adversos lógicamente acaecibles en un lapso tan considerable de tiempo.
TERCERA:
Acorde a los datos conocidos hasta el presente la distribución geográfica de nuestros peces troglobios mantiene diferencias
significativas entre sí: Stygicola dentatus se extiende desde Pinar del Río hasta Matanzas; mientras que de Lucifuga subterraneus
no existe ningún reporte que le ubique fuera de la región occidental de Cuba.
No obstante, esta conclusión preliminar requiere
de nuevas referencias geográficas para su posible confirmación posterior (Pedro Suárez Tintín y Pedro A. Díaz, Facultad de
Biologia, Universidad de La Habana 1978)
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